23/ 04/ 2017
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Algunas consideraciones para un modelo turístico sustentable

1. El turismo es y será cada vez más un sector económico clave en el futuro económico y ecológico. Cualquier política sustentable de turismo debe contemplar un horizonte de al menos una generación y permitir el mantenimiento de un paisaje singular, los ecosistemas naturales básicos, y promover el desarrollo humano de las poblaciones locales así como la protección de las culturas y lenguas tradicionales. Para ello es necesario promover con urgencia una estabilización a la baja del turismo de masas (a pesar que pueda haber pequeños crecimientos en zonas poco o nada explotadas) antes de que su impacto sobre la supervivencia de los ecosistemas sea irreversible.

2. Para evitar todo peligro de monocultivo económico, el turismo debe convertirse en un sector que actúe en simbiosis con otros, como la agricultura, la ganadería, la pesca artesanal o las industrias y comercios locales. Lejos de constituir una amenaza para la diversificación económica y para la creación de bienestar para las poblaciones locales una vez alcanzado un alto nivel de vida, el turismo debe catalizar a través de su máxima reconversión ecológica el sostenimiento de una agricultura, ganadería y pesca locales. Igualmente, debe auspiciar la demanda de productos industriales y artesanales de origen local o regional. Por tanto, su implantación ha de asegurar una paralela participación de las poblaciones locales en los beneficios económicos así como el mantenimiento de una autonomía económica regional.

3. Es imposible sustituir el turismo de masas por turismo "verde" a pesar del marketing del sector.

4. Tiene que haber una reglamentación mundial sobre los mínimos ambientales que deben cumplir el planeamiento turístico y los proyectos turísticos concretos a fin de poder ser desarrollados. Sus disposiciones deben ser observadas escrupulosamente para acceder a créditos y subvenciones para la expansión turística provenientes de la banca nacional, el FMI y el Banco Mundial. Es vital, además, que haya una política turística con unidad de gestión. Igualmente, es de suma necesidad la aparición de un modelo de Evaluación de Impacto Ambiental de obligado cumplimiento y a realizar por técnicos independientes.

5. Entre los principales indicadores ambientales a contemplar tienen que figurar factores como:

a) La existencia o no de una red de paisajes y ecosistemas protegidos en la zona y su impacto, incluyendo el mantenimiento natural de playas.
b) La adaptación al paisaje local, incluyendo materiales, tipologías y técnicas.
c) El grado de protección de la flora y la fauna, incluido el medio marino, especialmente de los endemismos y especies singulares.
d) El uso de energías limpias y técnicas de ahorro y eficiencia.
e) La existencia de reservas de agua estratégicas a medio plazo, así como la implantación obligatoria de técnicas de ahorro y eficiencia y programas locales de depuración y reutilización terciaria de aguas residuales.
f) El nivel de generación de residuos, ligado a la existencia en la zona de programas de reducción, reutilización y reciclaje.
g) La existencia o no de una red de transporte pública local y regional que minimice los costos ambientales del sector.

6. Además, la promulgación de una legislación sobre turismo sostenible debe considerar los costos ambientales ocultos, es decir la capacidad de carga ("Carrying capacity") de una zona: incrementos de los consumos energéticos y su efecto sobre el cambio climático (transporte aéreo y terrestre, uso de combustibles fósiles), desertización, desaparición de la agricultura y ganadería locales en favor de colonias residenciales, uso de parques y zonas protegidas como mero recurso turístico, etc. Por ello, la normativa turística sustentable debe promover la utilización -adaptada a cada región- de instrumentos de gestión conservacionista de las zonas protegidas, de democracia territorial y de tasación concreta de costos ecológicos.

* La aparición de un marco básico de gestión de los espacios y reservas naturales protegidos orientado a la conservación de estos y de las especies y que evite su turistización y degradación. En esta gestión deben participar las organizaciones ecologistas y ciudadanas además de los gobiernos.
* La obligatoriedad de planes de desarrollo sustentable regional y local a mediano plazo con participación no solo de los gobiernos y las empresas turísticas, sino también con las organizaciones ecologistas y ciudadanas. Esta planificación indicativa previa debería proscribir el aumento de instalaciones de oferta complementaria insostenibles como los campos de golf, las piscinas residenciales y turísticas, las urbanizaciones turísticas aisladas de las poblaciones locales o el incremento de puertos deportivos en zonas de riesgo ecológico. Su prioridad debería ser la urgente reconversión ecológica del sector.
* La generación de una normativa básica sobre hotelería responsable, que incluya medidas e incentivos para la ecologización máxima de consumos y la adaptación al paisaje de la zona.

7. La ordenación de la industrialización turística debe llevar al aumento del desarrollo humano de las poblaciones locales y conseguir su protección ante el turismo de masas. Por ello, las bancas nacionales, el FMI y al Banco Mundial no deberían subvencionar ni promover actuaciones de expansión turística que ignoren o impidan,

a) El mantenimiento y futuro de las culturas y lenguas locales, amenazadas por una inercia urbanizadora y turística salvaje basadas en pretextos de "cosmopolitismo" y la "modernidad" puramente imperialistas.
b) El fomento del empleo local y su dignificación. Tiene que existir un código de derechos de los trabajadores y trabajadoras del sector basado en el derecho a la negociación colectiva, salarios y horarios dignos, así como el reciclaje profesional. Igualmente, la reforma ecológica y la reorientación regional del sector deben establecerse mediante planes de cooperación entre el turismo y la agricultura o la industria: el turismo tiene que asegurar un mercado (alimentación de calidad y local, reconversión ecológica, artesanía, etc.) para los sectores, destinados a desaparecer si solo se atiende la rentabilidad crematística a corto plazo.

Rubén Guido
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